A dedo por la Costa Brava, de Montpellier (Francia) a Barcelona (España)
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Tossa de Mar: Cae la tarde en este encantador pueblo y la noche será excelente excusa para dar un paseo por sus tiendas de artesanías; música en vivo y alguna bebida destilada de la casa podrán ser también tus opciones. Tossa de Mar: Cae la tarde en este encantador pueblo y la noche será excelente excusa para dar un paseo por sus tiendas de artesanías; música en vivo y alguna bebida destilada de la casa podrán ser también tus opciones.
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Topless en Tossa de Mar: Turistas tomando sol frente a la vista del recinto amurallado desde la playa.
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Cadaqués: Pueblito envuelto entre colinas, guarda una magia que a muchos quiere contar. Grandes del arte han sido prisioneros de él.
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Palamós: Niños disfrutan una práctica de fútbol en su extensa playa en el centro turístico de la ciudad.
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Portlligat: Lugar de residencia del mayor representante del surrealismo, hoy su hogar convertido en la Casa Museo Salvador Dalí.
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Sant Feliu de Guíxols: Es el centro de la Costa Brava española, en él se realizan ferias artesanales donde venden productos de la zona tales como pan, queso, embutidos y artesanías.
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Aldea medieval en Pals que enamora a los que la visitan, sus calles empedradas y sus arcos de medio punto te llevan a otra época de la historia.
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Pals: Conjunto monumental histórico muy antiguo formado por el castillo, la villa y las murallas. A pesar de que no hay vestigios de época romana, su nombre evoca ese origen.
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Sant Feliu de Guixols: Quesos de cabra hechos a mano son uno de los productos que se venden en este bazar itinerante.
En diez días, un joven aventurero con su cámara registra las maravillas escénicas de la legendaria Costa Brava del Mediterráneo. Una exclusiva para La Revista.
Bienvenidos a este recorrido gráfico y de aventuras por las arenas de Gaudí y Dalí, de olor a sal con tinte medieval, de continuos autostops por una costa nada brava, de alma gitana y corazón de Colón... mucho gusto: Leonardo Ampuero, creativo publicitario, fotógrafo, ecuatoriano, seré quien una vez al mes los lleve por algún rinconcito del mundo a vivir y revivir mis andanzas.
Dejamos atrás Montpellier, Francia, ciudad estudiantil que alberga las mejores universidades de este país, para empezar el viaje por tierras catalanas, llegando a Cerbére, pueblo turístico de no más de 2.000 habitantes, en plena frontera franco-española, iluminado en su plaza central por los colores intensos de sus casas; son quienes nos despiden del territorio francés.
Separado por una colina a tan solo cinco minutos en carro o dos horas a pie llegamos a Portbou, para seguir camino a lo que será la primera parada: Portlligat, hogar del maestro Dalí y punto convertido en museo al más estilo único surrealista, conservando lo que el Gran Pintor con tanto gusto y detalle diseñó y decoró, dándonos bocados de su tendencia narcisista y megalómana.
A tan solo 20 minutos de Portlligat se encuentra un pedacito de un verdadero paraíso: Cadaqués, ciudad bohemia por esencia, de cielo azul polarizado y aguas cristalinas; acogió la morada del probablemente artista más influyente del siglo XX, Marcel Duchamp, enamorando también a Picasso, Miró, D’Ors y Boitel.
Siguiendo ruta por el Cabo de Creus pasamos por pueblitos como Roses, Castelló d’ Empúries, Sant Pere Pescador, Flaça, Torroella de Montgrí, para llegar a Pals, un territorio medieval, con torres románicas, calles empedradas, arcos de medio punto, balcones de piedra y murallas a sus alrededores; acogedor sitio para tomarse un café, recargar energías y continuar camino en nuestra ruta catalana.
Camioneros con carga de pescado, exmotociclista, psicóloga, inversionista con carro último modelo de alguna marca muy reconocida, son los que hasta ahora y por todo nuestro recorrido fueron los “auspiciantes” oficiales de esta aventura, dejándonos saber que viajes con ese espíritu de años setenta todavía son posibles en nuestros difíciles tiempos.
Llegamos a Palamós, cuarto puerto comercial de Cataluña, distante de las otras paradas, es centro de entretenimiento, lleno de edificios de veraniego y vida nocturna.
Caminata obligada de su ruidoso centro a la autopista, es excusa para emprender camino y avanzar a Tossa de Mar, un destino paradisiaco, que conjuga un poco la Riviera francesa vecina con un toque místico de aire medieval.
Son ya casi las cinco de la mañana y el fin de nuestro recorrido por tierras españolas se avecina, más autostops, más relatos de gente que se identifica contigo y que en la pequeña ayuda que te prestan se visualizan con el ser trotamundos, amigos que viajan conmigo hasta el fin de mis días.